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OpiniónOpinión
19/12/2011 10:24 am

Querido Niño Jesús:

Como para ti no existe el tiempo, tal vez no te das cuenta de cuán eternos pueden resultar trece años. Esta es la última carta que te escribo si no me traes –o te llevas- lo que te he pedido todos estos años. Me disculpas si te suena a amenaza… por nada del mundo te amenazaría. Te confieso que lo mío es pura decepción.

Querido Niño Jesús:

No puede ser, Niño Jesús, que estés tan ocupado que te hayas olvidado de Venezuela. ¿Te acuerdas, aquel país maravilloso al norte de la América del Sur? Sí, ése mismo. El de la gente generosa y parejera. El de abundantes recursos naturales. El de las infinitas posibilidades para todo el que viniera a trabajar… Aquél del que se decía que Dios le había dado demasiado.

Ya no es así. La gente generosa y parejera está dividida en dos grandes bandos por razones políticas: los que quieren y los que no quieren al Presidente. Y él, en vez de usar el magnetismo que tiene para unir y sacar el país adelante –dinero es lo que le ha sobrado- lo que hace es ahondar en la división. Y con esta atmósfera de inseguridad tan espantosa, todo el mundo está de a toque ¡y con toda la razón!

¡Qué tristeza, Niño Jesús! Teníamos un país en el que los militantes de distintos partidos políticos eran adversarios. En el que personas que estaban en el poder llegaron a esconder a amigos de otras tendencias políticas cuando la policía política los buscaba. Ahora los adversarios son enemigos. Enemigos que hay que exterminar. Vamos hacia una cosa nefasta que se llama “socialismo”, pero que en la práctica es fascismo del más puro y recalcitrante.

Los recursos naturales, en particular el petróleo, van palo abajo. No hay cifras oficiales, pero encima de que producimos menos de lo que el gobierno dice (y mira que incluyen toda la producción, hasta la que no es de ellos), hemos hipotecado a futuro buena parte de nuestra producción. A los chinos les debemos el alma y mucho más. Y cuando aquí hay hospitales que ni gasa tienen, nos damos el lujo de donarle un hospital a otro país y encima, regalamos petróleo como si aquí no se necesitara. Como el presupuesto está calculado muy por debajo del precio del barril de petróleo, el dinero que entra es muchísimo todavía. Pero no resuelve nada porque está siendo tirado a la calle como limosna y no para resolver estructuralmente ningún problema.

La energía eléctrica que deberíamos tener a raudales y hasta exportarla, escasea en todas partes. No ha habido mantenimiento, no ha habido inversión, no ha habido ampliación en la generación de electricidad. Y la culpa no es de los ineptos que no han sabido qué hacer ni cómo hacerlo, sino de quienes la consumimos. No te imaginas las multas que pusieron. Hay lugares en los que lo raro no es que se vaya la luz, sino que venga.

Y el agua… ¡con tantos ríos!… Tanto que hablan de los recursos hídricos de Venezuela. El agua también escasea y en algunos sitios está contaminada. Y si es la comida, ahora importamos cosas que antes producíamos. Hacemos ricos a los empresarios e industriales de otros países. Y encima nos damos el lujo de dejar que su pudran cientos de miles de toneladas de comida en containers que reposan en nuestros puertos.

Los extranjeros que encontraron una tierra amiga ahora son víctimas de la xenofobia. La propiedad privada es una quimera. El trabajo ha perdido su valor porque el gobierno ofrece regalarle dinero a todo el mundo. La justicia no existe. Los jueces que deciden de acuerdo a la ley pueden terminar tras las rejas, como la Juez Afiuni. Pero hay otros que pueden decidir lo que sea, por exabrúptico que parezca, y si va alineado con lo que quiere el Presidente, cuenta con el voto de sus pares. ¡Qué vergüenza, Niño Jesús! Porque no es pena ajena lo que nos da eso. Es pena propia y dolorosa.

Por todo esto, Niño Jesús, te pido que tengamos nuevo Presidente en 2012. Uno que una, que concilie, que traiga progreso y paz. ¡Auxilio, Niño Jesús, ayúdanos! Y si nos traes el presidente nuevo, de ñapa te pido luz para iluminarlo: lo que le va a tocar será muy duro.

 

Vía ND

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