El futuro del 23 de Enero
Por: Fernando Luis Egaña .- El 23 de Enero de 1958 no es sólo una fecha para la celebración o remembranza histórica sino sobre todo para la visión de construir una democracia en una república, o una República civil y democrática.
No es pues la mera efeméride de un suceso notable de hace 54 años. No. Es un acontecimiento que tiene renovada vigencia en la Venezuela del presente, porque las aspiraciones democráticas, trabadas desde el poder, buscan empujar de nuevo el destino del país.
Las nuevas generaciones y en especial los más jóvenes, conocen muy poco acerca del 23 de Enero. En el calendario oficialista figura en muy secundario orden y siempre desde la distorsión crasa e interesada. Por lo general nos limitamos a ponderar el 23-E como el día del derrocamiento de la dictadura o la década militar de los años cincuenta.
Pero fue eso y mucho más, y es que el 23 de Enero no se limitó a cerrar una etapa sino a permitir que se abriera otra; una que alcanzó "el logró más importante de nuestra sociedad en su historia republicana: la idea y la práctica de vivir en común, en paz, intentando hacer en una república una democracia", como expresara con soberbia elocuencia Luis Castro Leiva, en su Discurso de orden en el Congreso de la República a los 40 años del 23 de Enero.
Por ello no ha perdido ni pierde vigencia el 23-E. Esa idea y práctica de vivir en común, que reconoce y celebra Castro Leiva, es el fundamento de la convivencia democrática. Lo fue hace más de medio siglo y lo sigue siendo ahora. Pero a estas alturas del siglo XXI, se trata de un fundamento que no caracteriza en lo absoluto el proceder de la hegemonía imperante, o la llamada "revolución bolivarista".
Venezuela no padece una dictadura convencional, pero mucho menos se desenvuelve en un sistema democrático efectivo. El régimen de Chávez ha conseguido erigirse en una "neo-dictadura", o una dictadura con ropajes y formas democráticas, que no necesariamente aplasta la oposición o la crítica sino que la limita a una esfera que no ponga en riesgo el control hegemónico y el afán de continuismo.
Esta "neo-dictadura", mucho más habilidosa que la dictadura convencional, tiene un desprecio profundo por valores centrales de la cultura democrática venezolana como el diálogo político, el respeto al contrario, la alternatividad del gobierno y la supremacía del poder civil. Justo lo que permite a una sociedad heterogénea y plural el hacer realidad la vida en común, en paz y en democracia.
Y si estas son nuestras realidades, cómo puede dejarse al 23 de Enero en el simple recuerdo e incluso en la buena conmemoración. De allí que deba plantearse el tema del futuro del 23 de Enero, en cuanto a las grandes referencias que tiene para el porvenir.
